domingo, 9 de diciembre de 2012

En busca de un hogar - Claudia Cardozo.





Londres, 1890

Juliet Braxton es una joven de origen estadounidense que vive en la Inglaterra de fines de la Era Victoriana junto a una abuela de férreo carácter, un tío amable, pero poco apegado, y un primo, por quien siente un profundo afecto fraternal. Su mayor ambición es regresar al que considera su hogar, en donde vivió una feliz infancia. Sin embargo, pese a contar con medios propios para hacer realidad sus sueños, no cuenta con la aprobación de su familia.

Robert, Conde Arlington, vive en la tranquilidad del campo con su madre, la condesa viuda, una mujer activa, generosa, y que muestra adoración por su hijo; lo único que Robert encuentra intolerable, es la constante intervención de su madre en su vida, intentando convencerlo de que se case lo antes posible a fin de que le dé nietos. A él esto no le hace ninguna gracia, y procura mantenerse alejado de cualquier tentación, pero un accidente pone en su camino a Juliet, que junto a su primo, le ayudan en un momento de necesidad.

Desde entonces, por un motivo u otro, sus caminos parecen cruzarse una y otra vez, y pese a que él hace todo lo posible por ignorar lo que esta joven le inspira, no puede evitar sentirse atraído y buscar su compañía. Ella, por su parte, temerosa de los sentimientos que Robert le inspira, y obsesionada con la vuelta al país que considera su hogar, procura mantenerse alejada... pero el destino les tiene deparadas muchas sorpresas.


Atracción, intrigas, ambición; pero, sobre todo el amor, son los pilares de esta novela.




Claudia Cardozo nació en Lima, Perú, en 1982. Desde muy pequeña se dejó seducir por la magia de las letras, enfrascándose en la búsqueda de nuevas experiencias por medio de la lectura. Estudió una carrera relacionada con los números, la cual ejerce, pero dedica buena parte de su tiempo libre a escribir, leer, y compartir momentos con su familia, a la que ama profundamente. Admiradora de Jane Austen, comparte en gran parte su visión de la vida.

Como ya dije en varias ocasiones, uno de mis subgéneros favoritos de romántica es la novela histórica, aunque en contadas ocasiones logro engancharme o terminarlo, no me preguntéis por qué, es un misterio aún sin desvelar. Para que respiréis tranquilos a lo largo de la reseña, En busca de un hogar me ha gustado, y mucho, la he terminado y disfrutado.


Los que seguís este blog o bien la página del blog en el Facebook, sabéis que llevo varios días leyendo este libro, y que normalmente devoro las novelas y apenas tardo, pero en esta ocasión quiero dejar constancia que no ha sido en ningún momento por culpa de la novela, todo lo contrario, es por falta de tiempo. Una vez dicho esto, empiezo a destripar, pero sin spoilear, la historia.

El punto más fuerte de la misma es sin duda la redacción, está escrita de forma impecable: sin faltas de ortografía y léxico rico. Además de cómo describe a los personajes y dónde se desarrolla la historia, para poder imaginar los escenarios y sin resultar tediosas en ningún momento. En esto sin lugar a dudas un diez.

Respecto a la relación de los protagonistas, si bien es cierto que en la fase del ‘cortejo’ se vuelve un poco lenta la historia, hacia la mitad del libro (quizás un poco más allá), empieza a coger de nuevo intensidad, confluyendo varios problemas que impedirán el ansiado ‘vivieron felices para siempre’.

Centrándonos en los protagonistas, esta novela tiene un caso peculiar, y es que me ha gustado más ella que él, quizás es porque no estoy acostumbrada a que los hombres (sobre todo en la novela romántica) sean tan bonachones y mansos, no es algo negativo, pero quiero comentarlo porque es algo significativo.

En la novela romántica la mayoría de los protagonistas masculinos son todos unos canallas que luego se ‘transforman’ al conocer a la protagonista. En cierto modo ha sido un suspiro de aire fresco, conocer a Robert, aunque personalmente me gusten más los ‘malvados’, tengo que reconocer que es muy típico la historia de: chica sumisa: canalla redomado = felices para siempre. Por lo que se agradece la originalidad. 

Hay que decir que Robert, no tiene en sus planes casarse, como si le tuviera alergia, esto sí que lo tiene en común con sus ‘congéneres’. Pero es normal, dado su título, que no se fíe mucho de las féminas y sus artimañas. 

Respecto de Juliet, qué decir, es ella la que nos va a dar los 'quebraderos de cabeza' cuestionando su relación, su mayor sueño es volver a su hogar, aunque quizás no tenga muy claro dónde está de verdad su morada ¿Se dará cuenta de ello a tiempo? Eso sí, la muchacha es una bendita, vaya paciencia que tiene, si me tocara una abuela como la suya acabaría loca...

En resumen, una buena novela romántica histórica, muy bien escrita y con una relación entre los protagonistas muy tierna y dulce. Si sois aficionados a este género os la recomiendo sin lugar a dudas.



"—No desprecio Inglaterra—respondió al fin con los dientes apretados.
—En verdad, creo que sí lo hace.
—Oh, ¿en serio? ¿Y cómo llegó a tal conclusión? ¿Se ha basado acaso en lo bien que me conoce? Desde luego, hemos sostenido largas charlas al respecto—para ser una jovencita tan correcta, podía usar el sarcasmo más afilado
—No, es verdad que no nos conocemos hace mucho, pero por lo que me ha dicho… 
—No creí que fuera la clase de persona que llega a conclusiones tan apresuradas sin un profundo conocimiento, milord; en verdad me sorprende. 
La joven se levantó, ignorando que el conde hizo otro tanto; estaba más interesada en dirigirse a la puerta. 

—Señorita Braxton, por favor, si la he ofendido… 
—Desde luego que me ha ofendido, pero estoy segura de que eso ya lo sabe; no puede ir diciendo cosas como estas a desconocidos sin esperar que no se ofendan, y su señoría es lo suficiente listo para suponerlo. 
—Está bien, lo reconozco—Robert se paró con firmeza frente a la puerta, cerrándole el paso—. Sabía que mi comentario podría no ser bien recibido, pero creí que como hemos sido honestos el uno con el otro, tal y como usted misma señaló, debía decir lo que pienso. 
—Entonces lo he juzgado mal, creí que era un hombre inteligente. 
—¿Insinúa que soy un tonto? "



Valoración: Muy buena.

Agradecimientos a la autora.








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